Me invadía una desesperación agobiante. Necesitaba aire para respirar y fuerza para moverme.
A pleno sol, sin agua, decidí abandonarme en mi agonía y morir.
Le pedí ayuda a Dios y me la dio. Es decir, no me concedió nada de lo que le dije. Se ve que no lo vio bien.
He estado al límite de ser ingresada por deshidratación. El sonido de la ambulancia avisaba de la catástrofe.
Otra vez perdida, otra vez solitaria y maltratada. Otra vez humillada.
Yo he debido nacer para esto.
Entre bromas me han dicho: "Píntate una camiseta que ponga: Quieres usted desahogarse, pégueme". Me han invitado a leer libros sobre el tema y a hacerle frente. Me han recomendado un autor y me han dado su teléfono.
He estado a punto de la denuncia pública y legal. "Yo también soy una mujer maltratada". Unirme a un grupo y manifestarme en sociedad. Me ha faltado el valor.
Dios no me ha concedido hoy mis deseos. No creo que quiera que sufra más. Quizás ve en esto mi propio crecimiento personal.
Lo único que se me ocurre pensar es que haya escontrado un placer y me quede aquí siempre. Total que diferencia hay con el resto de mi vida....
Ya sabe: "Si quiere desahogarse: pégueme"